09.04.2008 - GONZALO GUIJARRO
SALVO raras excepciones, las cosas que no suceden no son noticia. Una de esas excepciones sería la persistente ausencia de lluvia, que llamamos sequía. Por el contrario, la paz social, la ausencia de conflictos sociales, nunca se considera noticia; a ningún periodista se le ocurriría escribir: «más de veinte años sin que los docentes se declaren en huelga». Sin embargo, en mi opinión, hay algo muy noticiable detrás de ese hecho.
Es sobradamente conocido el enorme descontento reinante en el mundo de la enseñanza, especialmente en secundaria, desde la implantación de la LOGSE, hace ya más de quince años. La caída de niveles académicos, el incremento de la violencia escolar, los cada vez más numerosos casos de profesores deprimidos y estresados, las masivas jubilaciones anticipadas como única escapatoria de una situación laboral que se ha vuelto insoportable, la pérdida de poder adquisitivo año tras año serían algunas de las causas y síntomas de ese malestar. Pero, pese a todo, salvo alguna ocasional concentración de protesta motivada por agresiones a profesores, ni una huelga. Más de veinte años de paz social docente. ¿Cómo habrá sido posible tal maravilla? ¿Y los sindicatos? ¿Acaso les parece bien semejante situación? Bueno, pues parece que sí, porque CC.OO. y UGT, que son los mayoritarios, llevan todos esos años diciendo amén a cuanto emana de la Consejería de Educación.
No obstante, en las últimas semanas parece que algo se mueve en el agobiado mundo de la enseñanza. Ya saben, los profesores están rechazando mayoritariamente el famoso plan de los 7.000 euros, al que muchos califican de intento de soborno. Qué curioso, la tira de años aguantando mecha, y ahora que les iban a subir el sueldo, dicen que no. ¿Les habrá perturbado la sesera el estrés? ¿Qué opinarán de esto los sindicatos mayoritarios?
Pues, hasta que el rechazo alcanzó proporciones alarmantes, los sindicatos mayoritarios opinaban que el plan era un logro estupendo que habían pactado con la consejería, y así lo anunciaron. Una vez visto el rechazo, opinan que esto no es lo que ellos habían pactado.
En cuanto a si los profesores han perdido el oremus, creo que no. Porque resulta que esos mismos sindicatos que en Andalucía han pactado un plan vergonzoso que, para cobrar un incentivo ocasional, exige al profesor aprobar a los alumnos a conveniencia de los políticos, en la vecina comunidad autónoma de Murcia, han negociado una subida de sueldo de superior cuantía, plenamente consolidada y carente de contrapartidas contrarias a la dignidad docente. Y, claro, a los profesores andaluces no les gusta ser objeto de peor trato que los vecinos.
Y aquí viene la gran pregunta: ¿a qué se deberá tan escandalosa diferencia? ¿Serán más torpes los negociadores sindicales andaluces que los murcianos? ¿Será cosa del misterioso hecho diferencial?
Tal vez yo sea un malpensado, pero resulta que en Murcia gobierna el PP y aquí el PSOE, y los llamados sindicatos «de clase» siempre han estado más próximos a este último partido. Esta proximidad podría dar en ocasiones el perverso resultado de legitimar al supuesto progresismo para tratar peor a sus trabajadores. Además, es sabido que los delegados sindicales andaluces cobrarán el incentivo sin tener que alcanzar objetivo alguno, ya que, como liberados totales que son, no dan clases. Quizás este pequeño detalle haya contribuido también a mitigar su entusiasmo reivindicativo. Una falta de entusiasmo que, precisamente, también se ha manifestado en la no negociación del acuerdo de homologación salarial para el presente año, con lo que han dejado a los docentes andaluces en una situación de debilidad económica que los hace especialmente vulnerables al presente intento de pago por aprobados. Sin duda, un pequeño descuido inocente de los dichosos sindicatos mayoritarios.
En resumen, los profesores andaluces, sobre todo los de secundaria, que es donde el rechazo está siendo abrumador, simplemente están hartos del trato degradante a que los tiene acostumbrados la consejería y han decidido poner pies en pared. Veremos si esos sindicatos que aseguran defender sus intereses cumplen ahora con su obligación. Y también, si el progresismo oficial tiene la vergüenza torera de pagar a sus profesores al menos lo mismo que los conservadores del PP.
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